martes, 1 de mayo de 2012

El World Trade Center vuelve a ser el rascacielos más alto de Nueva York


El One World Trade Center.| Afp
El One World Trade Center.| Afp
  • El nuevo edificio en la Zona Cero supera al Empire State

Este lunes el World Trade Center recupera el título del rascacielos más alto de Nueva York. El edificio que lleva el nombre de las torres destruidas en 2001 asciende ya hasta el piso 100 con una altura de 387 metros, es decir seis metros más que el Empire State Building, el más elevado de la ciudad desde el 11-S.
Al nuevo rascacielos aún le quedan un año de obras. En un par de meses, se completará toda la estructura hasta el techo. La antena será después la que le dé la altura simbólica de los 1776 pies (541 metros), en honor al año de la Declaración de Independencia de Estados Unidos. Entonces será el rascacielos más alto del país y el tercero del mundo. Al menos contando la antena, porque los puristas se quejan de que sólo se debería calcular la altura de los pisos y, en ese caso, el título de número uno le seguiría correspondiendo a la Torre Willis (antes Sears) de Chicago.
El antiguo World Trade Center ya desbancó al Empire del lugar privilegiado en 1970 en lo que entonces era una competición agria. En los años 20 y 30, los promotores luchaban por marcar el perfil de Manhattan. Era una manera de distinguirse para conseguir más inquilinos y también de sacar extras con los observatorios. El rascacielos del Rockefeller Center, el Chrysler o el Woolworth empezaron a vender tickets para subir a su cúspide.
El Empire cobraba el doble que los demás (1,10 dólares frente al 0,50 habitual). Y ocho décadas después sigue siendo su negocio más rentable. Cada año, unos cuatro millones de personas se pelean por una esquinita desde donde ver la ciudad, lo que supone unos ingresos para el edificio de más de 60 millones de euros o más del 40% de sus entradas anuales. Su caso es especial.
En sus mejores tiempos, el World Trade Center no logró más de 2,5 millones de visitantes. Ahora el nuevo competirá por las vistas y también por otro negocio no convencional, la emisión de señales de radio y televisión, un 8% del negocio del Empire.

Buscando inquilinos

En los años 60, los propietarios del Empire hicieron todo lo posible por detener la construcción del primer World Trade Center. El propietario de entonces, Lawrence Wien, incluso publicó un anuncio con la imagen de un avión a punto de estrellarse contra una de las torres advirtiendo del peligro para el tráfico aéreo. Ahora la reacción ha sido muy diferente. En un comunicado, el Empire State da la bienvenida a su nuevo compañero en el perfil de Manhattan.
El reto ahora para el nuevo es llenar de inquilinos el rascacielos y sus vecinos. De momento, en menos de un par de años, las portadas de 'Vogue' y 'The New Yorker' se decidirán en el 1 World Trade Center, la nueva sede de Condé Nast, aunque todo el complejo de edificios no estará terminado hasta 2020.
Condé Nast pagará en 25 años unos 1.400 millones de euros por unos 97.000 metros cuadrados. La constructora china Vantone invertirá otros 234 millones por 17.000. Estas cifras arrastrarán al resto del barrio, que ha resurgido en parte gracias a los precios más bajos del suelo los primeros años después de los atentados.
En los alrededores, hay 18 hoteles, tres veces más que antes del 11-S. Se multiplican las escuelas y los residentes suman 56.000, el doble que en 2001. Más de 10 millones de turistas curiosean por el barrio cada año. En 2006, Starbucks abrió enfrente de lo que será la nueva explanada; en 2010, la cadena de hoteles chic W inauguró aquí sus habitaciones de más de 300 euros.

La opinión de los vecinos

De hecho, la Zona Cero ya no responde a esa descripción. Ysupervivientes y familiares de muertos suelen alegrarse de la recuperación. "Estoy contenta de ver que va hacia arriba. No me importa cómo sean de altos ni qué forma tengan. Quiero edificios. Cualquier edificio", explica a ELMUNDO.es Desiree Bouchat, consultora y superviviente del 11-S.
Su oficina estaba en el piso 101 de la Torre Sur y ella cogió el último ascensor que funcionó antes de que el segundo avión se estampara contra su rascacielos. Su mente ha borrado el estruendo de los motores y el fuego sobre ella mientras salía corriendo y unos 400 colegas se quedaban esperando el ascensor que nunca bajó del piso 78. Tres veces al mes cuenta su historia a los turistas y curiosos que pagan 10 dólares por hacer el tour de la zona organizado por un grupo de afectados. "Es muy duro repetir los detalles", explica Bouchat, a la que se le quiebra la voz al hablar de Jim, su jefe, que se quedó esperando el ascensor. "Pero es importante, la gente no debe olvidar", insiste.
Los familiares suelen preferir el nuevo trasfondo menos dramático"Ésta es la tumba de mi marido. Pero no me gustaría que sólo fuera un monumento conmemorativo. Esto es Nueva York", cuenta Theresa. Su marido trabajaba en la misma consultora que Desiree y llegó puntual al trabajo aquella mañana desde Long Island sólo porque bloqueó con sus brazos las puertas de un tren que estuvo a punto de perder

Fuente: El Mundo
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